Percibo…algo que ni el instinto puede explicar. ¿Será solo el trabajo… o una conexión más allá de las feromonas? A medida que D. se adentra en el mundo íntimo de T., comienza a notar fisuras en la coraza fría del alfa. No hay olor, no hay reacción química, y aun así… el deseo crece. Cada sesión los empuja más cerca del abismo, desdibujando los límites entre lo profesional y lo personal. T. no debería desear a alguien cuyo aroma no puede percibir. D. no debería enamorarse de alguien que lo ve como una “terapia”. Pero en el silencio entre sus cuerpos y en cada roce accidental, hay algo que arde. Y cuando el instinto no guía… ¿será el corazón quien elija?