Una vida como la de un agujero de ratón donde no entra ni un rayo de luz. ‘Jian’, que tuvo que aprender antes que nada a renunciar para poder sobrevivir, comienza un romance destinado con ‘Hwan’, quien apareció como la luz. Pero la felicidad dura poco: Hwan es atropellado en lugar de Jian, y cuando llega la noticia de que recuperó la conciencia, Jian abre apresuradamente la puerta de la habitación del hospital… “Aléjate. Hueles a omega, me das asco.”