“Mi nombre es Zeon. Todo este desierto es mi arma.” El día en que un rayo de luz cegador partió el cielo, el mundo que conocía la humanidad desapareció sin dejar rastro. Los mares se evaporaron, la tierra se consumió, y el mundo quedó sepultado en un mar de arena infinita. Y así, la era de la humanidad llegó a su fin. En un mundo donde incluso la esperanza se ha secado, en su mismísimo centro, un despertado que domina la arena— Zeon—abre los ojos.