Para Choi Jihan el tercer heredero de la prestigiosa familia, Kim Seon siempre había sido una espina en los ojos. Un huérfano acogido como hijo adoptivo, se atrevía a comportarse como el primogénito de la casa, le robaba el afecto al padre y ahora incluso intentaba arrebatarle la prometida. Al final, Jihan acudió a un chamán de gran poder, rogándole que enviara una maldición mortal sobre Seon. El chamán, sin embargo, le dio un consejo astuto: aquel hombre tenía un destino marcado por la lujuria, así que debía aprovecharse de la tentación carnal para destruirlo. Así, una noche en la que toda la familia estaba fuera, por obra de la estratagema de Jihan, Seon bebió un potente afrodisíaco y cayó en un profundo sueño.