Desde cierto día, todos en un pequeño pueblo rural comenzaron a volverse extremadamente perezosos. Obedeciendo la orden del Papa de expulsar al demonio que habitaba allí, el paladín Luciel llega al lugar. En la iglesia del pueblo encuentra a Licia, una monja que se quedó sola para cuidar de los aldeanos. Ambos habían sido huérfanos criados juntos en la nación santa y compartieron su época como estudiantes del seminario. Luciel no lo sabía, pero siempre había sentido algo por Licia. Mientras cenan juntos, la vista de Luciel se vuelve borrosa y, ante sus ojos, Licia aparece no con su hábito de monja, sino vestida de otra manera. La verdad es que Licia era un demonio que había captado los deseos ocultos de Luciel…